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viernes, 25 de agosto de 2017

“Casa en Tierra Ajena”: Escarba en las causas de la migración forzada

Foto: Cortesía Casa en Tierra Ajena

Un documental relata las historias y los sueños de personas centroamericanas en procesos de migración forzada hacia Estados Unidos y recupera las voces de quienes se han quedado en sus países, resistiendo e intentando transformar sus realidades.

Fabiola Pomareda García (*)

La mayoría de documentales que abordan el tema de la migración la ven como un fenómeno descolgado de las políticas de desarrollo en nuestros países y desligado de los factores de expulsión. En el filme “Casa en Tierra Ajena”, en cambio, se exponen y cuestionan los contextos de despojo, empobrecimiento y violencia de larga data, asi como los proyectos extractivistas de empresas que llevan años de desmantelar las economías campesinas e indígenas en Centroamérica y México.

En este documental, producido en Costa Rica por un equipo de dos universidades públicas, también se buscó trascender el relato del viaje, de lo que le pasa al migrante en la carretera, en el desierto, en el tren. Más allá de la ruta de la migración, se hizo un esfuerzo por mostrar la paradoja existente entre las políticas que obligan a migrar y las políticas que quieren contener esa migración, que exponen a las personas migrantes a más peligros.

El documental expone los factores de expulsión que fuerzan a las personas a salir de Guatemala, El Salvador y Honduras; los mecanismos de control cada vez más violentos y represivos que se imponen para intentar retener a los migrantes; y la solidaridad que se teje sin fronteras.

El proyecto parte de una investigación larga, rigurosa, exhaustiva. Surge del libro “No más muros, migración forzada en  Centroamérica”, escrito por el investigador y docente costarricense Carlos Sandoval García, quien tiene una larga trayectoria de investigación en el tema de migración.

La migración es principalmente hacia Estados Unidos. Sin embargo, en el documental se plantea que ese mismo gobierno estadounidense es el que financió las guerras en Centroamérica contra los movimientos de izquierda, el que obligó a los países centroamericanos a firmar los tratados comerciales, y el que quiere seguir levantando muros.

Sandoval, investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR), explicó que el documental se construye sobre tres preguntas: “¿Por qué se siguen yendo a Estados Unidos las personas centroamericanas si cada vez es más peligroso cruzar la frontera?; ¿por qué la política migratoria se ha endurecido tanto y cada vez hay más trabas para migrar?; y ¿por qué a lo largo de la ruta migratoria la gente más humilde es la más solidaria, tanto en México como en Estados Unidos?”

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) registró 578 indocumentados desaparecidos o muertos entre Centroamérica y Estados Unidos en 2016. En las últimos dos décadas, la OIM observó que más de 60 mil migrantes murieron o desaparecieron en su camino por México. Asimismo, se estima que cada año más de 450 mil personas, principalmente centroamericanas, cruzan México hacia EE.UU, señala la OIM.

El documental fue estrenado en marzo de este año en San José, Costa Rica, y se sigue presentando en el resto de Centroamérica, México, EE.UU. y Europa. Se difunde en un momento en el que arrecian las políticas anti-inmigrantes por parte del presidente de EE.UU., Donald Trump; y las acciones y resistencia de parte de la comunidad inmigrante y las organizaciones de activistas en todo el país.

Historias que son parte de un relato colectivo


Foto: Cortesía Casa en Tierra Ajena


Una característica diferenciadora del documental es que no se quería hablar de historias de países, sino de la historia de migración de una región. Son historias contadas por la gente que las vivió en carne propia; por la gente en los territorios. No las cuentan los economistas, ni los sociólogos, ni los investigadores. Son parte de un relato colectivo, donde no hay un narrador o narradora, sino que el narrador es la voz colectiva de las y los migrantes. De ahí que el documental es contado desde ellas y ellos.

En Guatemala, por ejemplo, se entrevistó a Marcelino López, sobreviviente de las masacres de Cuarto Pueblo en el contexto del conflicto armado interno; a Rubén Herrera, defensor de los ríos y la tierra, que forma parte de la resistencia al proyecto hidroeléctrico de la empresa española Hidraliaeconer, en Santa Cruz Barrillas; a Yolanda Oquelí, defensora de los derechos de los pueblos y el derecho a la tierra y parte de la Resistencia Pacífica contra la minera La Puya, en San José del Golfo.

En Zaculeo, Huehuetenango, se entrevistó a Lorena Cabnal, mujer indígena maya-xinca, que analiza los distintos factores que llevan a la migración forzada en Guatemala. Y en las Brigadas de Paz se conversó con Jorge Sologaistoa, fundador de OASIS y quien explicó el aumento de la migración de personas que huyen de la discriminación por diversidad sexual.

En El Salvador, se entrevistó a familiares de migrantes desaparecidos o fallecidos organizados en el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Salvador (COFAMIDE); a Marisa Martínez, fundadora de la Fundación Monseñor Romero, sobre la relación entre el tema de la violencia de pandillas y el empobrecimiento con la migración; y a  una joven madre de cinco hijos, cuyo marido migró a Estados Unidos forzado por la presión de las pandillas que extorsionan hasta a los trabajadores más humildes. Actualmente su esposo forma parte de los migrantes desaparecidos que busca el COFAMIDE.

En Honduras se entrevistó a padres y madres de menores migrantes deportados; a personas de las comunidades de Tornabé y Barra Vieja sobre el impacto del megaturismo en la migración forzada; y a representantes de la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), sobre la migración infantil y lo que la comunidad garífuna explica como el tercer destierro.

En el Aguán entrevistaron a campesinos y campesinas miembros del Observatorio Permanente de Derechos Humanos sobre el Aguán y de las Cooperativas organizadas para la recuperación de tierras. Conversaron sobre la relación entre el golpe de Estado de 2009 y el despojo de tierras campesinas con la migración forzada en Honduras; y también abordaron el tema de la persecución a defensores de derechos humanos.

En México se entrevistó a Artemio Velasco, fundador de la Casa para Migrantes “Casa Mambré”, una iniciativa autogestionada donde don Artemio puso a disposición el patio de su propia casa y junto a miembros de las Comunidades Eclesiales de Base levantaron en 2013 un albergue para migrantes en tránsito por México. También conversaron con funcionarios del Instituto Nacional de Migración, en Tapachula y con el padre Pedro Pantoja y la hermana María Guadalupe Argüello sobre la labor realizada por la Casa del Migrante de Saltillo en Coahuila. Entrevistaron a jóvenes migrantes de Centroamérica detenidos en la Estación Migratoria de Saltillo Coahuila del Instituto Nacional de Migración (INM) de Coahuila; y al padre José Guadalupe Valdés  y Guillermo Taylor de la Casa del Migrante de Piedra Negras “Casa Emaus”.

Villalobos señaló que las y los protagonistas son las personas que se enfrentan al drama de la migración forzada; aquellas que se quedan en sus países luchando por la transformación social para una vida digna y también aquellas que se solidarizan con las personas migrantes en el camino. “Son historias que debemos conocer para comprender las verdaderas dimensiones de la emergencia humanitaria de la migración en Centroamérica”, afirmó.

Foto: Cortesía Casa en Tierra Ajena


Un trabajo colaborativo de tejer redes y tocar puertas

“Casa en Tierra Ajena” vio la luz después de un proceso de tres años de investigación, pre-producción, producción y post-producción. Se decidió ir a los países de Centroamérica donde migra más gente para ver por qué la gente se va de sus países. El equipo de producción filmó en Honduras, El Salvador, Guatemala y México y recorrió 4,200 kilómetros.

Santiago Martínez. Foto: Cortesía


El financiamiento fue aportado por el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) al proyecto llamado “Producción y difusión de un documental sobre migración en Centroamérica”, realizado en co-producción entre la UNED y la UCR.

El equipo de producción está formado por Ivannia Villalobos, Carlos Sandoval, Michele Ferris y Santiago Martínez, además de un talentoso grupo de personas que realizaron la post-producción.

Foto: Cortesía Casa en Tierra Ajena


Como contó Ivannia Villalobos, productora audiovisual de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y directora del documental, fue un trabajo colaborativo de tejer redes y tocar puertas. Se tenían contactos por trabajos previos, se buscaron organizaciones comunitarias y otras que trabajaban con migrantes, se seleccionaron las comunidades según los factores de expulsión. Luego se buscaron productores de campo en cada país. “Había gente que estaba deseando poder contar sus historias y hacer sus denuncias, que les facilitáramos el proceso de comunicación, visibilizar a las organizaciones y a las personas defensoras de derechos humanos, para reivindicar su papel”, dijo.

Las causas de la migración forzada siguen intactas

Villalobos señaló que “las y los protagonistas son las personas que se enfrentan al drama de la migración forzada; principalmente aquellas ubicadas en el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador)” y agregó: “Los protagonistas son también quienes se quedan en sus países luchando por la transformación social para una vida digna y también logramos retratar a aquellos que se solidarizan con las personas migrantes en el camino”. “Son historias que debemos conocer para comprender las verdaderas dimensiones de la emergencia humanitaria de la migración en Centroamérica”.

La migración responde a contextos de despojo, empobrecimiento y violencia de larga data. Estos son recrudecidos porque cuando aumentan los factores de expulsión que llevan a las migraciones forzadas, a su vez aumentan los mecanismos de control y represión que levantan muros contra quienes se mueven en la búsqueda por sobrevivir.

Si bien hay factores de expulsión diferentes en cada país, en Guatemala se pueden mencionar la pobreza, la desigualdad, el despojo y la violencia causada por megaproyectos (minería a cielo abierto, hidroeléctricas y turismo) en comunidades indígenas. Muchas de las personas que migran desde Guatemala ya no tienen  acceso a la tierra ni a fuentes de trabajo.

En Guatemala también son causas del desplazamiento migratorio la criminalización y persecución de líderes comunitarios y defensores de la vida y de la tierra; y la impunidad.

En Honduras, las principales causas de la migración son el despojo de bienes y de territorio, la concentración de la tierra, la violencia y represión contra campesinos e indígenas, los proyectos turísticos oligárquicos, la inseguridad y el desempleo.

Si bien hay factores de expulsión diferentes en cada país, en El Salvador se pueden mencionar la violencia como problema estructural, las pandillas, las extorsiones, la pobreza, la desigualdad, el despojo y la violencia causada por megaproyectos.

En el caso de Guatemala y El Salvador, se suman otros factores más históricos como los conflictos armados durante la década de 1980 y sus secuelas.
Al respecto, Sandoval comentó que “las causas que generan la migración siguen intactas; las condiciones de vida, el desempleo y la violencia han empeorado; las personas siguen intentando cruzar la frontera, aunque sea cada vez más difícil”.

No hay un final feliz

El equipo de producción del filme pudo conocer acerca de todas las problemáticas que enfrenta una persona migrante en el camino hacia el Norte: violaciones, extorsiones, secuestros, viajes exhaustivos con poco dinero y la persecución del crimen organizado. Si aún así, la persona logra llegar a EE.UU. y hace una vida allá, eso no garantiza nada. Pueden vivir durante años en EE.UU. con su esfuerzo, trabajo y sacrificios; pero luego muchas personas son deportadas a sus países, donde no tienen oportunidades y terminan tomando la decisión de enfrentar nuevamente el viaje, con toda su crudeza.

Foto: Cortesía Casa en Tierra Ajena


Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala, un promedio de 2.5 millones de guatemaltecos -uno de cada diez- vive fuera de su país, una cifra mucho mayor al promedio global de migrantes por nación, que es de un 3% de la población. Asimismo, las deportaciones de guatemaltecos vía aérea desde México y EE.UU. han aumentado. Sólo entre 2012 y 2014, se registraron 250 mil casos.

Según organismos de derechos humanos, unos 100 hondureños salen a diario hacia Estados Unidos, pagando a traficantes de personas grandes cantidades de dinero. De acuerdo con el "Informe estadístico de las personas repatriadas/retornadas a Honduras", los municipios con mayor migración de hondureños a EE.UU. eran Francisco Morazán Distrito Central; Cortés, San Pedro Sula; Atlántida, La Ceiba; y Olancho, Catacamas.

La migración en Honduras está afectando mucho a menores de edad. Según el informe "Niñez y Adolescencia Migrante no acompañada retornada", de la OIM, el 51,9 % de los menores deportados emigró por su propia cuenta y un 39,8 % con un traficante de personas.

Asimismo, 5,000 hondureños han sido deportados desde México y EE.UU. en lo que va de 2017 informó la Cancillería, a través de un informe del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (Conmigho).

Por eso es que el documental también ha buscado posicionar el derecho a no migrar. ¿Por qué la gente tiene que ver la migración como la única opción?, ¿Por qué romper sus lazos o romper sus relaciones con el territorio? 

Como dice la feminista comunitaria guatemalteca Lorena Cabnal en el filme: “Viajas con tu empobrecimiento. No es automáticamente que se te transforma la vida. Tendrás que trabajar impresionantemente cuántas jornadas laborales, llegar y no hablar el idioma, no vestir el traje, dejar a los hijos e hijas en otros países, tratar de interpretar los nuevos códigos culturales y vivir el racismo”.


Aquí está disponible de forma pública el documental:
https://www.youtube.com/watch?v=AkrZIumTRjI

(*) Fabiola Pomareda García es periodista freelance, vive en San José Costa Rica y colabora con la Asociación Voces Nuestras. Correo: pomaredafabiola@gmail.com

domingo, 30 de noviembre de 2014

Documental El Codo del Diablo: repensar la narrativa del pasado democrático costarricense

Foto: Cortesía Producciones La Pecera y Ceibita Films


Fabiola Pomareda / pomaredafabiola@gmail.com

Este artículo fue publicado originalmente en The Tico Times:

‘El Codo del Diablo’ forces viewers to rethink narrative of Costa Rica’s democratic past


El recientemente estrenado documental histórico costarricense El Codo del Diablo, un viaje que revela parte de la historia oculta de Limón y los detalles de un terrible crimen que consternó a Costa Rica en 1948, fue premiado como mejor largometraje documental centroamericano, en el Festival Internacional de Cine en Centroamérica Ícaro.

 

El próximo lunes 1 de diciembre se exhibirá a las 8:30 pm en el Cine Magaly.

 

El largometraje documental narra la historia de Setico, un niño de 12 años que toma un tren desde Limón a San José en busca de su padre, uno de seis prisioneros políticos que fueron asesinados en un siniestro lugar por donde transcurría sinuoso el ferrocarril que comunicaba San José con el Atlántico.

 

La noche del 19 de diciembre de 1948, seis presos políticos de Limón fueron ejecutados a sangre fría por un grupo de militares en ese punto conocido como el Codo del Diablo. El hecho se dio después de la Guerra del 48, durante el gobierno de la Junta, dirigida por José Figueres Ferrer.

 

En ese momento los asesinos presentaron una débil coartada y si bien el crimen se investigó y se condenó a quienes lo ejecutaron, ninguno cumplió su condena. Todos fueron ayudados a escapar del país por las autoridades y se ha sugerido que nunca se quiso investigar el papel que habrían jugado altas personalidades políticas como Gonzalo Facio y Edgar Cardona.

 

El documental, dirigido por los hermanos Antonio y Ernesto Jara, se centra en el drama humano que vivieron los familiares de las víctimas, especialmente esposas e hijos, y quienes han preservado la memoria histórica de estos hechos.

 

Aquí se puede ver el tráiler:

Trailer El Codo del Diablo from Ceibita Films on Vimeo.


Se filmó en la ciudad de Limón, en Cieneguita, Siquirres, Estrada y el puente sobre el río Matina y fue producido por Producciones La Pecera y Ceibita Films, con un equipo de producción integrado por Alejo Crisóstomo, Kattia González, Clea Eppelin y Marcela Esquivel, entre otros.
 
Contó con el apoyo del Centro Cultural de España, el fondo Cinergia, el programa Proartes del Teatro Melico Salazar y del programa Ibermedia.
 
A continuación un extracto de la entrevista con el historiador Antonio Jara.

El historiador Antonio Jara, en las inmediaciones de la Universidad de Costa Rica (UCR). Foto: Fabiola Pomareda
 

¿Por qué se dice que es una historia oculta?

“Es una historia oculta en el sentido de que no forma parte de lo que oficialmente se recuerda cuando nos hablan de los procesos  que se vivieron en Costa Rica a mediados de siglo, principalmente lo que fue la Guerra Civil.

Primero, la Guerra Civil es un proceso político complicado y hay una visión a veces un poco simplista de lo que ahí estaba en juego. La opinión pública lo ve como una guerra en la que se luchó por las elecciones y una vez que acabó se estableció el sistema democrático y se abolió el ejército y ya el país entró en una etapa de estabilidad. Y esto es un crimen que de alguna manera cuestiona esa visión porque sucede ocho meses después de terminada la guerra, cuando nominalmente el ejército no existía y tenemos un caso de violencia política cometido por militares. Y no sólo es cometido por militares sino que gran parte de su argumento de defensa es precisamente que ellos son militares, estaban siguiendo órdenes, debían estar cubiertos por el fuero militar y que una corte no los puede juzgar.

Ese primer elemento que como que no calza fue lo que primero me llamó la atención del caso, antes de pensar en hacer un documental”.

¿Cómo llegó a esta historia?

“Yo di con esta historia por primera vez con un trabajo cuando estaba en la Maestría aquí en la Universidad, a partir del expediente judicial. Entonces escribí un artículo. Eso fue hace muchos años y a partir de ahí quedó el interés. Yo lo comentaba con mi hermano, que se dedica a hacer videos, que yo creía que ahí había una buena historia para hacer algo más audiovisual”.

¿Cómo fue el proceso de encontrar a los familiares de las víctimas que compartieron su testimonio?

“De alguna manera la memoria oficial había borrado a estas víctimas y la memoria de la izquierda militante los había convertido en un símbolo de algo más colectivo. Pero todavía había un faltante. Las personas. Estas seis personas que murieron. ¿Quiénes eran? ¿Quiénes recordaban sus vidas? ¿De dónde venían? ¿Qué habían hecho?

Cuando empezamos el proceso de asesoría para el documental con Everardo González, un documentalista mexicano que ha hecho unos trabajos bien interesantes, él nos decía: 'Bueno, ustedes tienen que ir a buscar quiénes son sus personajes. Quienes son los que pueden contar esta historia. Vayan a Limón, ¿quién recuerda esto? ' y empezamos a salirnos de los libros y de los documentos judiciales y a ir a los lugares.

Nos encontramos primero con la familia de Octavio Saénz y uno de ellos que tiene un programa de radio en Limón había entrevistado a Federico Picado y dimos finalmente con Federico Picado y como es Costa Rica, todo empieza a conectarse y al final la gente se conoce por muchas vías y pudimos ubicar a descendientes de todas las victimas poco a poco. Hemos encontrado familiares de todas las víctimas”.

¿En qué momento sintió que esta era una historia que contarla a como diera lugar?

“Creo que cuando encontramos a los familiares, además de lo que ellos nos podían hablar de sus papás, eran ellos mismos, sus voces, sus rostros, gente que había guardado una experiencia que los marcó de niños y hasta ahora sentía que la podía contar. De repente eso nos conmovía a nosotros mismos y ojalá eso se transmita en el documental; y eso es lo que nos impulsó a mostrarlo”.

¿Cuánto tiempo duró el proceso?

“Hubo una investigación del  expediente judicial que yo hice hace años que nada más sembró ahí la duda. Pero ya desde que empezamos a tratar de escribir este guión tienen que ser ya casi tres años, desde los primeros intentos”.

Foto: Cortesía Producciones La Pecera y Ceibita Films


¿Qué anécdotas de la filmación puede compartir?
“Al puro inicio de la investigación nosotros teníamos la intención de ir a buscar el lugar. Ya el tren no hace el recorrido; pero el lugar del Codo del Diablo es conocido, incluso por gente que no conoce el crimen. Lo conoce la gente que se acuerda del trayecto del ferrocarril. Era un punto de referencia porque era una curva muy pronunciada, las ruedas del tren chillaban y estaba el río aquí abajo.
Nos contactamos con Freddy Menéndez, que es militante de Vanguardia Popular y vive ahorita en Bataan. En los años setenta fue un dirigente importante de la zona y con él nos fuimos. Ahí no sólo está el tema de que Limón es una zona difícil, que tiene muchos problemas sociales y económicos. Ese mismo día estábamos yendo con nuestro equipito de filmación, que tampoco es súper grande, por la línea del tren y había varios grupos de gente que se estaban robando rieles de tren, cargándolos. Freddy sacó su gran machete llamado La Conga, así nada más para impresionar. Freddy tiene como 70 años pero es un tipo grande y nos sirvió, no sólo de guía, sino también de carta de presentación para no parecer tan indefensos.
Lo que sí nos impresionó fue que a medida que nos íbamos acercando, la línea del tren en realidad ha ido desapareciendo, no sólo porque se la han robado sino porque el mismo río se ha ido comiendo parte de la montaña. Ahorita mismo hay la construcción de una represa que ya inundó bastante de eso. En ese momento nos llamó mucho la atención que un hecho que fue muy importante en su momento, incluso fue un escándalo, desaparece y ahora el mismo lugar físico desaparece también”.
¿Qué barreras tuvieron?
“Pues algunos de los familiares prefirieron no hablar, no querían personalmente hablar del asunto. Y por otro lado, había un par de materiales de archivo que nos hubiera gustado poder usar, que por cuestiones de permiso no se pudo. Había un discurso de Óscar Arias del 88, que cerraba muy bien algo que queríamos decir sobre cómo recordábamos este periodo. Nos hubiera gustado usarlo, era un discurso muy bueno donde decía que en Costa Rica, desde el 48 ninguna mujer tuvo que llorar a su hijo por culpa de un soldado con botas, que nadie fue a la cárcel por lo que pensaba, que nunca nadie tuvo que salir del país por persecución política y lo que nos estaba contando esta gente era que varios de ellos tuvieron que salir del país después del crimen. Los padres de algunos de ellos estuvieron presos por haber tenido una militancia comunista y la denuncia principal la hacen las madres de los que murieron y sus testimonios están ahí en el documento judicial”.
¿Por qué en el país se hace tanto énfasis en la abolición del ejército y se niega este tipo de violencia política?
“Yo creo que es una manera un poco triunfal de plantear el asunto. De entrada estoy totalmente a favor de la abolición del ejército. Creo que a la larga ha sido un elemento importantísimo para el desarrollo político e institucional de Costa Rica, que no por eso es perfecto; tiene otro montón de problemas, pero sí es un elemento importante. Sin embargo, creo que tal vez se ha constituido en una narrativa un poco heroica. El triunfo de [José] Figueres viene acompañado por la democratización y la desmilitarización y entonces cualquier elemento que de alguna manera no calza con esa visión, es mejor bajarle el volumen o decir 'no fue importante'. Incluso hay formas de normalizar la violencia, decir 'bueno, es que fue una época complicada' o 'a saber en qué andaba metida esta gente', o 'no, es que esta gente allá en Limón eran muy violentos', casi que convertirlo en un hecho extraordinario y esa es una manera fácil de evitar cuestionar qué era lo que estaba pasando en ese momento.
La abolición del ejército fue un proceso político que tuvo un costo, en el que se marginó y se expulsó de la arena política a un grupo importante de gente. Esa separación de la política de las organizaciones de trabajadores y partidos de izquierda se hizo de una manera arbitraria y violenta y marcó la cancha del espacio político de Costa Rica por muchas décadas después. Es decir, el anticomunismo se vuelve parte de cómo se ve la política en Costa Rica”.
Documental El Codo del Diablo

Lunes 1 de diciembre
8:30 pm
Cine Magaly
https://www.facebook.com/elcododeldiablo

 

 

 

 





 

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